domingo, 8 de abril de 2012

La Educación

Confraternizándome convenientemente con el vasto refranero nacional me hago eco de la sentencia "somos animales de costumbres"; y lo hago porque tal y como exigimos de los "dichos populares" es así con perceptible frecuencia. De tal forma, que hasta los imprescindibles cambios que se han sucedido a lo largo de los siglos, han nacido de la renovación de estas costumbres. Por ello, añado a tales y con el riesgo de resultar redundante, el apelativo de "heredadas".
Así, el cuadro que resultamos ser, proviene de un esbozo demasiado antiguo y de unas pinceladas familiares; de una sociedad que errando, aprende y enseña lo que adquiere, y de un entorno que "practica". Somos la obra final de un tejido moral y ético impregnado de matices personales que humanizan el resultado. Todo esto me ha hecho convenir en que la Educación resulta el instrumento mas poderoso con que cualquier agente social, incluyendo al propio ciudadano, puede contar. Sin hacer gala del escepticismo que algunos filósofos como Rousseua, aplicaron a la naturaleza del ser humano, si atribuyo al aprendizaje el título de "guía de comportamiento humano". Las atrocidades cometidas a lo largo de la historia lo demuestran. En este pasado, la sociedad se ha erigido como espectadora activa y como verdugo de insanos espectáculos.
Actualmente, la educación y la ausencia de ella se instrumentalizan en todos los campos, religión, política y algunos más frágiles como la moda o las tendencias sociales.
El mundo occidental y en concreto España, no escapan a esta práctica. Congeniábamos mi amiga  y yo hace unos días como permanecía suspendida en el aire cierta agresividad con tintes de distorsionada mesura. Nadie duda del marco ético y moral, en complicidad con el sistema democrático, en el que afortunadamente vivimos. Pero al margen de aquellos que se escapan a este marco, sobreviven en él comportamientos individuales que hacen temblar sus cimientos. Así, veo a mi alrededor una lucha encarnizada de opiniones, que por su forma, buscan la imposición y no el debate ni el compromiso social. Leo y oigo sentencias individuales y comportamientos que convierten al emisor en culpable y al culpable en lo que es y en algunos casos en algo más.
Hay numerosos ejemplos. El debate político no es tal, ni en la calle donde siempre estuvo, ni en los pasillos donde a veces era, ni en donde debiera y nunca fue. La ciudadanía parece haberse contagiado, al menos parcialmente, del partidismo improductivo y ambicioso. Algunos comentarios y acciones buscan el enfrentamiento interciudadano, que debilitará a una mayoría y fortalecerá  a una clase.
Por otra parte, ayudados por la mediatización de personajes y oficios, hay quien proclamándose "justiciero" lanza superficiales ofensivas que nada tienen de constructivo y tanto de innecesaria violencia. Las críticas ante un comportamiento reprochable no debieran cargarse de agresividad lingüística, de juicios de valor precipitados o de persecuciones prácticas y verbales.Así ocurre con los toreros, a quien me cuesta entender, pero a quien me cuesta aún más desear daño alguno. Y no es este ejemplo el motivo de tal reflexión, sino algo que noto y que a través de las redes, los medios y los acontecimientos veo precipitarse.
Tampoco, el humor derivado de infortunios ajenos forma parte de mi tambaleante comprensión.

Y en todo esto, la Educación actúa como arma y salvadora. Siempre atribuyo, y no digo que no me equivoque, a ciertas actuaciones la falta de ésta. La veo como el eje que debe gobernar y protocolizar las actuaciones de todos los que participan de una sociedad convenida.
Como arma, puede ser terrible, existen numerosos ejemplos en las religiones o en ciertos países con partidos políticos de tradición demagógica y dictatorial.
Pero como salvadora, ahí si que no, ¡no hay otra como ella!. Si algunos de los esfuerzos materiales y humanos dirigidos a legislar, imponer, convenir, corregir y castigar se focalizasen en educar(nos) nos ahorraríamos tantos disgustos como medidas y partidas económicas futuras. Así me ocurre con el copago, al que cariñosamente llamo "repago". Nuestro sistema sanitario es caro, pero se trata de un derecho (caro). Educar a la sociedad a "utilizar" y no a "usar" sería una manera de no recortar algo que por derecho nos pertenece, tal y como es y sin echar de menos.
Por otra parte, y como ya he mencionado, la búsqueda continua del confrontamiento resultará agotador para quién menos puede permitir cansarse, yo ya lo estoy un poco. Y por último la educación dirigida a evitar la vertida de improperios y persecuciones, y la resolución por ello en críticas constructivas, empujará nuestro techo de aguante. No me refiero sólo al enfrentamiento político, que también, sino al existente en las calles, en las palabras, en los medios; hay algo de violencia acechando con colarse hasta el final del baile.

Está en manos de todos y sobre todo de unos pocos, invertir en cambiarlo. Campañas de salud agresivas demuestran que la educación como era de prever, funciona. En busca de una sociedad ideal.... ¿y que otra salida nos queda? Estamos conviviendo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Tres mundos paralelos

Diariamente imágenes terribles asientan al terror en el sofá marrón junto al punto de cruz, convirtiéndolo así en testigo directo. El estremecimiento, aunque venido a menos, aún es posible; y es que la continuidad convierte los extremos en puntos intermedios. El mundo, tal y como lo entendemos, se tiñe de compasión. Hay quien alza su voz, se atreve a protestar, pedir explicaciones. Pero otros, diferentes eso sí, encuentran aquellos sacos rotos debido al peso de las voces. Con sigilo los retiran, pues entorpecen el paso de quien debe pisar fuerte para hacerse oír, las vocales no sirven.
No se entiende lo que sucede, en este mundo siempre hubo disonancias. Parecía lógico que aquellos que velan por nuestros intereses y son recompensados por ello, recordando los panes de oro de Calígula, así lo hiciesen. Pero, como Locke defendió sobre la ley natural, hay diferentes formas de interpretar los términos, y de ahí surge el fracaso. Término, que por  otra parte, también da lugar a numerosas interpretaciones. Esto nos separa irreversiblemente, y  así ya estamos, en tres mundos diferentes. Entre ellos, las conexiones resultan infructuosas y la cobertura insuficiente. El análisis que hacemos puede resultar frívolo por la lejanía de los hechos; pero así mismo, nuestra situación de sueño y armario, lo hace inevitable.
La lucha por la supervivencia es el dictador que gobierna el primero de los mundos, mientras que la guerra interna de sentimientos deja poco espacio y tiempo para el deleite en otro; y en el tercero, la ambición ha asaltado el palacio. Siria acapara hace tiempo la escurridiza atención de estos últimos, que en un acto de generosidad se plantean cuestiones relativas; tanto, que sólo pueden ser entendidas de mil maneras diferentes.
Surgen opiniones; y a mí, sobre todo preguntas.
Siempre es tiempo de debate, del que en numerosas ocasiones han surgido brillantes soluciones, conjunción de mentes y opiniones. Pero lo que está ocurriendo parece un programa grabado que editan para entretener al espectador cada semana. Y mientras, la realidad se sucede sin tiempo para mirar a los lados, en los que posiblemente, solo se observarían hombres sentados. La intervención hace tiempo dejó de ser sólo necesaria,  alcanzando ya el grado de “permanentemente urgente”, del que no se baja por la imposibilidad de un final certero.
Nunca he entendido que se hable de guerra o conflicto armado como solución a otro. No creo demasiado en las verdades absolutas, nacidas de puertas cerradas; pero en mi caso, se acerca a ella la afirmación “la violencia genera violencia”. Entiendo que un pueblo sometido sea incapaz de visualizar una solución de tal calibre, y se sumen posiciones radicales; aumentando un conflicto con cada vez más seguidores. En todo caso, las intervenciones realizadas por el mundo occidental tal como Irak o Afganistán, han dejado entrever que el camino a seguir  no es responder con sus mismas acciones, que sino me equivoco, siempre hemos considerado equivocadas. Las mejoras sociales y la supervivencia aun son inexistentes y la pregunta de “si ha servido para algo” permanece suspendida en el aire que nosotros, sí respiramos.
Al margen de esto, acciones cuyo primer objetivo y presto especial atención a esta palabra, no sea el bienestar y la supervivencia humana, nunca obtendrán como primer efecto éstos. Ni siquiera de forma colateral, término ya unido indefectiblemente a “daño”. Así ha ocurrido en Afganistán e Irak, ambos justificados hasta la saciedad y ambos visiblemente engañosos, repletos de ambición y faltos de credibilidad.
En un frecuente acto de ingenuidad, que aún no echo de más, me pregunto que si el ser humano (realmente suena inocente) fuese lo primero, aquellos que presumiblemente velan por la paz no serían los principales partícipes del comercio de armas entre países; y por supuesto, no establecerían relaciones comerciales con aquellos que de forma continua y “libre” transgreden los derechos humanos.  Condenar y cooperar no puede ocurrir de forma paralela. Llevar al delincuente de la mano tiene consecuencias que salpican a quién sólo pasea.
Ingenuo, lo sé; pero aún así, se merece un análisis
Siria no parece interesar, de ahí la dilación, la mesura y la ausencia de soluciones.
No sé dónde están éstas, yo sigo en mi mundo. Pero suponemos que están capacitados, pues así se han erigido, para bloquear política y económicamente a aquellos países como Siria, tomando a Irán como reciente ejemplo. Suponemos también que son lo suficientemente valiosos para aunando fuerzas, encontrar soluciones que no nos avergüencen, y la ausencia de ellas lo hace profundamente.
Si son tan poderosos en sus manos está la solución adecuada, sino es así, es que no lo son,  y por tanto sus privilegios no les pertenecen. Tres mundos, tres visiones y sólo un resultado, demasiado recurrente. Espero no acostumbrarme.

viernes, 2 de marzo de 2012

Pasos hacia atrás

¡Hemos avanzado tantísimo en unos años! Ahora nos creemos dueños de sentimientos encontrados, de ideas opuestas, de verdades absolutas. Sin embargo, hay un observador que avisa: "Por favor, estáis todos en la misma sala, dejad de daros la espalda"
Y es que, hace tiempo que con la misma tela, algo gruesa y poco elegante, hicimos una gran venda de débiles costuras con las que nadie se atreve.
Hace unos días, me sobrecogía con las imágenes de la violencia desprendida de una manifestación estudiantil. Instantáneamente, comenzó el lanzamiento de críticas, contra una actuación policial que no debiera ser juzgada en singular. El error de muchos policías, me ha traído alguna que otra discusión que siempre finalizo con el arrepentimiento de aquél que la ha comenzado.  Hay quien argumenta que no habían solicitado los permisos necesarios para manifestarse y que el cortar la calle trajo problemas a muchos ciudadanos. Mi argumento para mi precipicio de rabia e indignación, era su situación de superioridad, la responsabilidad de su cargo, la necesidad de cordura y los pocos beneficios que siempre conlleva una respuesta agresiva. No creo que la acometida de una ilegalidad justifique actos de tal magnitud. En cualquier caso, debiera  individualizarse la respuesta; tratando en este caso,  la falta de permiso como una torpeza que debe gestionarse y no apaciguar contra todo obstáculo.
Comenzaron entonces las manifestaciones y los gestos de comprensión  a los estudiantes valencianos. Debo reconocer que estaba orgullosa, a veces me pasa. Pero poco a poco sentí como algo se nos escapaba entre las manos; observaba como algunos cargaban contra todo un colectivo del que  no podemos prescindir y a quien exigimos acciones implacables y certeras,  pero que juzgamos con la severidad de quien se cree dueño de todo conocimiento. ¡Individualicemos! Cuando un médico comete una negligencia o aún peor un acto delictivo voluntario, no cargamos contra todo el colegio de médicos y es que eso sería una barbaridad digna de otro siglo.
Pero no sólo ocurría esto mientras se precipitaban los hechos; además, también sentía que se instrumentalizaban las manifestaciones y los errores cometidos para hacer campaña. El oportunismo me aterra.
Me planteé entonces la posibilidad de que la responsabilidad fuera una carga demasiado pesada para determinados colectivos, para determinadas personas, para determinada sociedad.Y hastiados del peso, y con el objetivo de llegar al final, quizás dejamos parte de la mochila en el albergue, pero el camino ya no es el mismo, quedaba claro que todo era necesario. Y es que, hay quien juzga con acritud y no con sentimiento de mejora. Dos pasos para atrás.
Me dí cuenta entonces, de la injusticia de mis palabras al hablar de "los policias", ¡era tan injustamente imparcial! Seamos generosos con el lenguaje. Se había empañado la imagen de un colectivo por la actuación de un subgrupo, cuyas actuaciones debieran ser juzgadas como proceda.
Entonces, y solo entonces,  hace dos días de nuevo me sobrecojo con la manifestación en Barcelona.
Y veo como de nuevo, un "subgrupo" empaña la imagen de un colectivo que reclamaba derechos. Algunos creyeron que hablar no era suficiente, y para pedir decidieron quitar. Nunca he creído en eso. Quemar coches, comercios, simulacros de Emilio Botín, golpear puertas, increpar a la gente. ¿Sabes algo de lo que está pasando en este país? No sé, yo no lo entiendo, nunca he dado la mano con el puño cerrado.
Y ahora hay quien aprovecha para asignar a estas manifestaciones el apodo de bandalismo; perdonen, creí que podíamos hablar de casos aislados, de errores, de individualizar, de juzgar hechos.

Y haciendo acopio de mi trasnochada ingenuidad, me doy cuenta: vivimos en un país que no reconoce sus errores, que no se guía por el juego sino por el impacto de los goles propiciados. Hasta entonces esperaba que cuando algunas cosas se hacen bien se reconozcan, cuando se hacen mal se asuman los errores cometidos, y sobre todo que se reconozca y empatice el sufrimiento ajeno a primera vista sin el enturbiamiento del color de sus papeletas. Por encima de todo, esperaba, que con puntualidad, dejásemos de aprovechar y esperar la oportunidad de tirar piedras en el tejado que nos resguarda a todos; algunos esperan recoger las tejas caídas. No lo sé, se ha perdido el relativismo y la neutralidad casi al mismo tiempo. Y contradiciendo todo lo que he dicho hasta ahora, subyago mis palabras a mis sentimientos. No creo en la existencia de una verdad sobre la realidad política y social circundante, y por tanto en su defensa a ultranza; ni tampoco en la existencia de muchas opiniones (demasiado obvio), sino en la existencia de muchas verdades según quién la cuente. Y es que veo grises por todas partes, la dualidad oprime.

El baile que planteamos no tiene final, y es demasiado mecánico para esperar diversión. Infinitos pasos hacia atrás.

viernes, 17 de febrero de 2012

Los Goya

El Domingo pasado llegó a nosotros de nuevo la controvertida gala de los Goya. Y digo controvertida por su facilidad para despertar tanto a inquebrantables defensores, como a detractores convertidos de pronto en usuarios anónimos del término "muermo"".  Aún sabiendo de antemano que con esto es muy probable que pertenezca al primer grupo, y sin tener nada que reprochar por ello, confieso que vi la gala desde el principio hasta el  final. Sin arrepentimientos, así es como se deben hacer las cosas bien hechas. Puede que el  recurso de dejar los llamados "premios gordos" para el final, funcionara para mí, débil espectadora. O puede que no fuera eso. En cualquier caso, debo reconocer que mi sueño no se quejó hasta los minutos finales; pues me vi inevitablemente arrastrada por la sentimentalidad de los discursos, esos mismos que anualmente son atacados sin mesura. Esta declaración puede convertirme de pronto en una sensiblona de pañuelo y arruga, y que así sea. No de las películas, que por carecer del aplomo necesario, recurren al sentimentalismo de forma burda, descarada e irreal. Me declaro cómplice y víctima de la sensibilidad real, nacida en el lenguaje más cotidiano, y plagada de menciones a familiares, amigos, parejas y personas varias. Y es que el agradecimiento aún me emociona. ¿Sólo a mí?
La conductora de la gala estuvo correcta, inteligente y amena. Sólo cuando apareció un Santiago Segura cada vez más buscado, perdió parte del merecido beneplácito del público. A su lado, el parecía más espontáneo y cercano y así, sin quererlo, ella reforzó su figura. Cuando S.S habla, surgen reminiscencias del personaje que ha creado, sólo una pequeña parte de él y gracias a ello y a que sea pequeña, le ha sido otorgado  un talento innato para provocar carcajadas, bello valer. Conecta de forma inmediata con un público con ganas de reírse de si mismo, pero no antes de hacerlo de quién tiene delante o al lado.

Lo más pesado de la gala, resultó ser, para sorpresa de todos los presentes, el discurso del nuevo Presidente de la Academia. Su discurso estaba plagado de aciertos, pero también, de sentencias alejadas de un público que se convierte en un incomprendido verdugo.
Aún maquillando el discurso, con ciertos tintes aleccionadores, quedó clara su condena de la relación que se ha creado entre Internet y cine. Comprensible. Controvertido.
Internet forma parte de la actividad económica del cine, de la promoción de las películas, de la búsqueda de información, de la compra de entradas, de la crítica, de vídeos, de trailers, de páginas web de las películas, de la relación a través de las redes entre espectadores e integrantes del mundo del cine. Supongo que no se refería a todo esto, mal hecho, no se puede aislar lo que no viene al caso. El uso ilícito que se ha hecho de Internet para acceder al cine tiene ciertas connotaciones que nunca les oigo plantear. Hacen autocrítica del cine que fabrican y reprochan un comportamiento del público ciertamente negativo, pero ahondemos a ver qué más vemos, nunca se sabe.
Siempre se dice, y ya ha sido asumido por todos, el necesario reforzamiento de cultura de la población española. Y ello nos obliga, a la espera de uno más profesional, al auto-análisis. Al observar el ámbito de la Literatura, se producen varios fenómenos; las librerías suelen estar llenas sólo en Navidad, antes de Reyes, las bibliotecas todo el año. Para la mayoría, resulta imposible adquirir todos aquellos libros que desean leerse, gracias a Dios están los libros de bolsillo, y sobre todo, las bibliotecas ya mencionadas.

Con el cine y la música ocurre lo mismo. Los productos que se ofrecen en ambos sectores no resultan asumibles para la mayoría. ¿Se debieran ver entonces sólo aquellas películas que se puedan permitir, esperar a que lleguen a los videoclubes? ¿Y la música? ¿Se debe escuchar sólo aquellos discos que el sueldo de turno permita, o esperar a que el artista en cuestión coloque nuevos discos en el mercado para que los anteriores queden rebajados? ¿No va esto en detrimento del progreso, y en sinergia, también de la cultura?

Ocurre esto, y en lugar de llegar a un punto de equilibrio en el que el acuerdo se alce como ganador, nos dirigimos a posiciones irreconciliables cargadas de incomprensión mutua.

Por una parte, el público, recurre con demasiada facilidad a la crítica de un cine español cargado de calidad pero con una posición clara de desventaja frente a productos americanos, solo hace falta fijarse en la promoción de unos y otros. Por otra parte resulta comprensible que este mismo público, que viven de forma autogestionada, no pueda asumir el coste por comprar sus productos, ¿no suena esto a un mal negocio?

La cultura es un servicio público para la mayoría de nosotros, y como tal, es coherente que reciba protección, aquello que conocemos como "ayudas". En mi caso, veo estas ayudas como una inversión para un posterior disfrute. Mi punto de vista, algo extremo, no digo yo que no, las sitúa en aquellas obras y artistas que lo merezcan. Y en España hay muchas. Puede que algunas queden fuera de juego entonces, pero en estos casos de separación entre crítica y público, éste responde de forma contundente, resulta que ya tenemos varios ejemplos. De esta forma, películas aplaudidas por la crítica y películas aplaudidas por el público recibirán una merecida recompensa que serán los cimientos de futuros y dignos trabajos.
No es válido olvidar, que el patrimonio cultural define a un país, y como forma y fondo de éste tiene que permanecer; para que luego todos, caminamos con "honor y orgullo", como bien dijo el nuevo presidente. Al designar  a Internet un asiento separado del suyo, se alejan indefectiblemente del ciudadano, del público. Trabajar de forma conjunta, ha resultado en muchas ocasiones positivo, e incluso me atrevería decir que productivo. Vamos adelantados, pues algo ya estamos compartiendo: agonizar es un deporte que une a quien lo practica. Internet nos acerca, aislarlo hace que el problema sea crónico, pero sin hierro.

Conviertan a sus productos en asumibles, hagan , como han hecho y hacen en tantas ocasiones, buen cine; y luchen por su reconocimiento. Exijan y apliquen ética.
Busquemos la forma, de que la cultura resulte rentable para todos, no se ofendan por el término, resulta imprescindible en los tiempos que corren.
Creemos bibliotecas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

La soledad

Ayer por la noche, se podía ver en la 2, la película de "La Soledad" de Jaime Rosales. Recuerdo en el 2007 la aceptación que tuvo por parte de la crítica. En ese momento,  como me ocurre con tantas otras, me dije que debía verla. Y así como tantas cosas que solo recuerdas cuando vuelven a ti de forma aleatoria o sucumbiendo a algún tipo de presión temporal, de nuevo, llegó a mi.
Me pareció fascinante y aterradora, aterradoramente abrumadora. Se adentra en el cuerpo mediante la proyección de imágenes inertes y estáticas, a través de palabras lanzadas al vacío, que quedan suspendidas en un aire que asfixia a quien lo ve, y parece quebrar a quien lo vive.
Las primeras impresiones son de quietud, y es como consecuencia de esta aparente lentitud que se produzca una inminente inmersión en el espectador. Como el llamado "calabobos", suave, imperceptible, fulminante.
Se centra en la historia de tres protagonistas; la primera decide dejar su pueblo natal para buscar alternativas en Madrid con su hijo, dejando al padre de éste. La otra mujer es una maravillosa Petra Martínez cuya vida gira alrededor de sus tres hijas; adultas, pero tremendamente dependientes por diferentes causas.
La tercera protagonista es la soledad, amiga y enemiga de las anteriores. Se trata del narrador omnisciente de la película, conocedora de las andanzas de los personajes; los observa y los impregna con sutiles formas, secuestrándolos, humanizándolos.
Aparece así la "soledad suspendida", adaptándose al ambiente, y haciendo que personajes y espectadores se adapten a ella.
Se manifiesta en la rutina, caracterizada mediante su naturaleza dual. Es una escapatoria al dolor y a la propia soledad; pero también, resulta un agujero de insatisfacción del que huimos aterrados. La ambigüedad de lo cotidiano traspasa la pantalla; refugio y enemigo. ¿Quién no ha querido regresar a la rutina y quién no escapar de ella?
La soledad del dolor; dolor por la pérdida, dolor por un sentimiento de culpabilidad, dolor de impotencia, dolor como consecuencia de la soledad. Este sentimiento contamina el ambiente, haciendo que surjan del mismo sitio y al mismo tiempo reacciones de compresión e incomodidad.
La soledad de la adaptación, de las inseguridades, del reparto equitativo de cariño, de las disidencias, del egoísmo, de la conciencia de los errores.

Así, el sentimiento que da título a la película, resulta demasiado familiar para permanecer distante. Adopta todas estas formas y hace del entorno circundante el cómplice perfecto. Refleja de forma casi descarada, como el compartir un sentimiento puede no acercarnos; es posible que se aísle. Ocurre con naturalidad en esta película, lo hacen suyo, como un jersey adaptándose al cuerpo de quién lo porta.

El camino que siguen los personajes es el de la supervivencia, y ahí, puedes estar solo.
No se muestra la soledad como una consecuencia de las circunstancias, sino como un compañero, a veces práctico y a veces pesado.

Jaime Rosales firma una película que nos habla de forma directa. Lo hace a través de pisos vacíos, de conversaciones con uno mismo, de intereses únicos, de días compartidos, de la imposibilidad de coincidir. Habla de y por todos.

martes, 14 de febrero de 2012

La Reforma

Al observar las reacciones frente a la reforma laboral, me parece estar viendo de nuevo Mulholland Drive de David Lynch, pero sabiendo de antemano que están alucinando.

Primero escucho de boca de sus creadores y defensores, el pesimismo que otorga saber lo que ocurrirá en los próximos tiempos. Agradezco profundamente que me intenten decir la verdad, lo venía echando de menos, pero no han sido todo lo duros que debieran y es que no nos han contado todo.
La reforma laboral, como nos atrevemos a llamarla, sitúa al trabajador en una posición indefensa frente al empresario. Cospedal, ha comentado en estos atribulados días que "ahora son los empresarios y los trabajadores los que pueden decidir sobre su futuro". El que el convenio quede ahora en manos del empresario y el trabajador es un insultante eufemismo. El trabajador guardará sus protestas y condiciones bajo la llave de su hogar, o como mucho, de una charla de amigos cercanos, allí donde no se juegue el empleo.  La decisión gira en una dirección, siguiendo los firmes pasos de los empresarios. Éstos, quedan libres para aprovecharse de una desesperada situación para los trabajadores, que no durarán en aceptar condiciones laborales que en muchos casos, resultarán injustas.
Por otra parte, la creación de empleo, ¿podemos hablar ya de utopía?  se producirá a largo plazo, puesto que las empresas en situación problemática, no durarán ahora en despedir a trabajadores sabiendo que el coste por ello es asumible. Con esto, el paro aumentará con toda seguridad, y la dualidad de nuestro mercado laboral seguirá presente. Tras leer algunos de los puntos de la reforma laboral, veo flexibilidad, pero sobre todo, la veo en el paso entre las decisiones y deseos de los empresarios y sus acciones.

Sin embargo, la esperanza que queda tras esta reforma laboral, es que las empresas extranjeras, normalmente dubitativas a la hora de afianzarse en España, se animen ante la disminución de la rigidez laboral. Con el tiempo, y con la inalcanzable disminución de la tasa de paro, los trabajadores podrían lograr una situación más cómoda para exigir condiciones y la regresión de ciertos derechos. Ciertas  medidas como la bonificación para la contratación de menores de 30 años pueden alejar a la juventud española de la catarsis en la que se encuentra sumida.
Llegados a este punto, y sobre todo con el abaratamiento del despido como moneda de cambio debemos preguntarnos, que resulta más dramático para la economía española: el aumento del paro que va  a conllevar el incremento de los despidos y la desprotección del trabajador, o la prolongación de la agonía de muchas empresas que acabarán cerrando sus puertas y despidiendo a miles de trabajadores.

Por otra parte los sindicatos, alzan ahora su irreconocible voz, el tiempo lo borra todo. Con estos señores me ocurre una cosa y es que no se de quien hablan cuando lo hacen. No veo a los trabajadores en sus acciones ni en sus privilegios; y me pregunto, si se sienten atacados con esta reforma por un reducción de éstos. La duda surge de su oposición a una reforma laboral que incluye medidas como que las empresas privadas de colocación puedan dar empleo, la liberalización de los cursos de formación con la consecuente reducción de las partidas económicas que recibían, y el establecimiento de convenios entre empresarios y trabajadores, restando poder a los sindicatos como intermediarios y agentes sociales.
Recuerdo como hace poco los sindicatos y la omnipresente patronal no tenían demasiada prisa en llegar a un acuerdo, será que no han tenido años para pensárselo. Pues verán, yo si tengo prisa, y es que ya llego bastante tarde.
Hay una realidad circundante entorno a ellos que me asusta, pues veo como un instrumento necesario convierte sus cimientos en balsas de poder y no de socorro. En el 2011 en UGT incrementaron sus sueldos un 7%, llevan 7 años inmersos en un silencio convenido, en opulentas muestras alejados de la estrechez económica de los trabajadores, protestando por la reducción en las subvenciones recibidas. Perdonen, creí que todos debíamos apretarnos el cinturón, y el suyo tiene muchos agujeros. Han demonizado al empresario hasta el extremo, el 90% de las empresas españolas son pequeñas y medianas empresas, y puedo asegurar que muchas estan desamparadas, arruinadas y pasando por momentos que no desearía a mi peor enemigo.

Una vez llegado a este término, me digo a mi inestable pensar, que no puedo estar segura de qué las medidas funcionen o no. Probablemente muchos serán necesarias, con otras me es imposible estar de acuerdo. La demagogia sindical me abruma. La oposición opositora me recuerda más que nunca a Naomi Watts olvidando por qué estamos donde estamos, y convirtiendo a muchos culpables en confusos personajes. Pero, ¿dónde están las medidas reales? Buscamos una buena posición en Europa, es necesaria. Pero debemos preguntarnos si parte del problema no se encuentra en esta búsqueda del mundo perdido. Si no hay problemas más profundos que analizar, como la regulación europea de las transacciones económicas y de los agentes económicos, la necesaria inmersión analítica en un Banco de España que no ha regulado a los bancos y cajas como debiera. Son entidades privadas pero instrumentos públicos, necesitan y requieren regulación. Podría ser necesaria además la educación de una sociedad que se ha desmoronado por una base débil y una cima demasiado alta y sobre todo el ajuste de aquellas partidas que no tienen que ver con el esfuerzo ciudadano.

Con todo esto, ¿en que nos convertimos nosotros? En los espectadores de una película circular. Antes de comenzar sabemos que va a ocurrir y aún así somos espectadores generosos, y sabemos sorprendernos. Cuando acaba, como sino hubiéramos sabido en que iba a consistir, nos indignamos, "si lo llego a saber no pago por verla". Y es que las críticas eran buenas, los actores eran actores consagrados, el argumento bueno y la historia necesaria, pero al final no ha funcionado. Nos han engañado, el trailer parecía otra cosa.

domingo, 12 de febrero de 2012

Acabo de terminar de leer "Los tipos duros no bailan" de Norman Mailer y lejos de ofrecer una opinión sobre la obra, que en todo caso resultaría fuera de lugar, carente de interés y enormemente positiva, surgen reflexiones enlazadas con la realidad galopante. En concreto, me planteo, como de la lucha por la supervivencia, surge en ocasiones una carencia absoluta de correspondencia entre la imagen que proyectamos y lo que realmente somos.
Y así el otro día viendo las noticias, me vino a la mente el título de esta novela. Estaba viendo la manifestación a favor del juez Garzón y pensé lo poco que apartamos las ideas políticas cuando establecemos un juicio, y teniendo en cuenta la ausencia de separación entre ideas políticas y partidismo, me pareció aterrador. Sin malinterpretaciones por favor.

Los corruptos son corruptos, y no son derechas o de izquierdas, del PP o del PSOE (que no es lo mismo que lo anterior), son sólo corruptos. Y el ejercicio de las acciones que conlleva este término los separa de cualquier idea política y debiera separarlos de cualquier partido democrático. Por eso no entiendo, que los "seguidores" de uno u otro partido se indignen con el partido opositor cuando sale  a luz un caso de corrupción, y lo atañen a las ideas políticas y no al crimen. ¡Pero si sus arcas están llenas de ellos señor! Culpemos al corrupto y a la corrupción y no lo utilicemos como arma arrojadiza interciudadana, como siempre, confundiendo el enemigo.

Hace relativamente poco, uno no sabe como acepta de bien o mal el paso del tiempo, me indignaba con la noticia de la liberación de Camps y "compañía". Me asusté al pensar que se trataba de un jurado popular y me detuve cavilando que podía haber ocurrido, perdí el tiempo; pues aún transmitiendo mi duda, a mi también indignado entorno, no llegué a ninguna conclusión. De nuevo la justicia me engañaba al mostrarse como instrumento de sensatez y protección. Tiene la habilidad de confundirnos y el atrevimiento de encararnos. Mi indignación aumentó cuando observé a ciertos sectores del PP aplaudiendo la sentencia y aludiendo  a la justicia para amparar lo racional de ésta. Será que en otras ocasiones cuando se han mostrado en contra de algunas decisiones judiciales, no se trataba de justicia y llegan ahora a esclarecer nuestras nubladas mentes. Y será también que la información que los medios nos han mostrado antes y durante el juicio eran papel mojado. Y será que el juicio no parecía un espectáculo de burlesque.

Es cierto que no entendí nada. Tampoco entendí qué ocurrió exactamente en el juicio de Marta del Castillo.  Ni entendido muchas otros casos de corrupción de altas y bajas esferas del PP y del PSOE. No comparo casos, es frívolo e inconcluyente. Sólo intento, torpemente, transmitir que los fallos judiciales fallan, que suceden cosas inexplicables entre cuatro paredes que si hablasen no siempre sería con objetividad y cordura. Debiéramos posicionarnos contra lo que está fallando y no dilatar las diferencias existentes entre ciudadanos con distintas ideas políticas. Somos siempre quienes perdemos.

Así, hace aún menos tiempo, me sorprendo con la sentencia contra el Juez Baltasar Garzón. Pero verán, no me enfada que lo investiguen o lo inhabiliten, lo que me molesta es que quienes cometieron el mayor error, quienes de forma consciente delinquieron y afectaron de forma directa al ciudadano, estén hablando del mal rato que han pasado en lugar de estar pasándolo.
Pero lo que no entiendo, son aquellos comentarios que hablan de una justicia derechista, aludiendo con inconveniencia al franquismo, y a una izquierda desprotegida. El juez Baltasar Garzón ha sido y sigue siendo un gran juez, a quien debemos agradecer la valiente lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Pero ¿puede ser que se haya equivocado?. Quizás sus acciones no nos afecten directamente, ni vulneran ninguno de mis principios o sensibilidades. Sin embargo, ha vulnerado los derechos de quienes no dudaré en llamar criminales. No es la defensa de estos señores lo que me lleva  a decir esto, es la defensa de lo que está bien y está mal, de lo que se puede y no se pude hacer. Tuvo esas escuchas en su poder durante un mes. Conocía detalles de la estrategia de la defensa, y eso perdonen, es trasgredir el derecho de protección de los imputados. Puede equivocarse, puede dejarse llevar por el impulso de demostrar la culpabilidad de quienes son culpables, pero es un error, puesto que es un instrumento público, y estos funcionan cumpliendo la ley de la misma forma y con los mismos mecanismos para todos.

No confío en la justicia lo que debiera, tiene fallos de colapso por embotellamiento y de falta de independencia; pero esto funciona para los dos grandes partidos, de igual forma y con los mismos posibles beneficios.

Una noticia me alegró y aún me dura esta dicha, y fue la iniciativa para la despolitización de la justicia. Necesaria y sobre todo JUSTA.

Con todo esto, abogo por la objetividad, por la búsqueda de los principios naturales. El partidismo te lleva  su terreno, donde nada es lo que parece, donde las ideas se difuminan y aparecen los intereses y los proyectos difamatorios. Conozco a gente de derechas solidaria y tolerante y a gente de izquierdas que no lo es, conozco a gente de derechas alejadas de la sensatez y el raciocinio y a gente de izquierdas repletos de ambas. He visto a corruptos de ambos partidos salir a la calle sonriendo, y a ciudadanos tirando piedras en el tejado en el que se resguardan.

Estoy orgullosa de la protesta ciudadana en las calles, lo he visto hace poco con Marta del Castillo. No entiendo la lucha ciudadano-ciudadano, ideas políticas-ideas políticas. El discurso de una derecha franquista y de una izquierda incoherente y perezosa, me resulta abrumadoramente fácil, gratuito y sobre todo, falaz. Enfrenta al ciudadano y no cambia los verdaderos problemas, situados en unos políticos acomodados y en una justicia que tiende a decepcionar.

Y la cosa es, que ellos están a salvo pero nosotros no, siempre salimos a la pista. Ellos tienen el discurso preparado: "Los tipos duros no bailan".